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Mario Molina visto por Mario Molina
Artículo publicado en la revista Día V.
Artículo enviado a PAL-NET por Miguel Angel Ortega, Marzo, 2004.
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Nací en la Ciudad de México el 19 de marzo de 1943. Mis padres fueron Roberto Molina Pasquel y Leonor Henríquez de Molina. Mi padre era abogado y tenía un despacho privado. También fue maestro en la Universidad Nacional Autónoma de México y embajador en Etiopía, Australia y Filipinas.
Mi pasión por la química fue tal que convertí en mi laboratorio un cuarto de baño que no era muy utilizado en la casa. Ahí pasé cientos de horas jugando y haciendo experimentos de química. Con la ayuda de mi tía Esther, que era química, realicé cuando apenas era un niño experimentos que hacían los estudiantes de química en el primer año de la universidad.
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| Mario Molina. Ciudad de México 2003. Foto: Rob Taylor. ICFJ |
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Mis padres siguieron la tradición familiar de enviar a sus hijos al extranjero a estudiar. Como conocían mi pasión por la química, me enviaron a un internado en Suiza cuando tenía 11 años. Un objetivo era que aprendiera el alemán, pues entre los científicos se decía que el alemán era el idioma de la ciencia.
Yo estaba muy emocionado de ir a Europa, pues creía que allá había mucho interés en la ciencia. Sin embargo, mis compañeros me decepcionaron, pues tenían eran igual de desinteresados que mis compañeros mexicanos.
Fue por esos años cuando decidí que sería químico, pues antes había contemplado seriamente la posibilidad de dedicarme a la música, ya que tocaba el violín.
En 1960 ingresé a la UNAM para cursar la carrera de ingeniería química, que era lo más cercano a un físico-químico, que era lo que yo quería estudiar.
Al terminar la carrera en 1965, decidí cursar una maestría en físico-química. Me fui a Alemania y me matriculé en la Universidad de Freiburg, donde estuve dos años. Ahí nació la necesidad de explorar otras áreas y busqué un posgrado en EU.
Mientras estudiaba la mejor opción, pasé varios meses en París, donde realicé estudios de matemáticas por mi cuenta. Con estudiantes como yo, me di tiempo para discutir temas de todo tipo. El área de conocimiento abarcaba todas las áreas, política, filosofía, artes y muchas más.
Posteriormente volví a México como profesor auxiliar en el UNAM e instalé el primer programa en ingeniería química. El deseo de conocer más me llevó de nuevo al extranjero.
En 1968 ingresé a la Universidad de California en Berkeley para seguir mis estudios en físicoquímica. Poco tiempo después me integré al equipo de investigadores del George C. Pimentel, en el proyecto de estudiar dinámica molecular utilizando rayos lasers químicos, que fueron inventados unos años antes en por su equipo.
Por aquella época también conocí a una joven y muy inteligente estudiante del equipo del profesor Pimentel, llamada Luisa Tan, con quien después de un estupendo noviazgo me casé en julio de 1973.
Mis años en Berkeley fueron la mejor etapa de mi vida como investigador, pues era una época en que la discusión era muy libre y apasionada. Tenía la oportunidad de explorar muchas áreas e iniciar investigaciones muy emocionantes, rodeado de una ambiente intelectual que estimulaba la creación.
En ese tiempo descubrí que la investigación científica podía ser utilizada para la destrucción, pues los lasers químicos de alta potencia comenzaron a ser desarrollados como parte de armas modernas.
En 1973, me incorporé como compañero de investigación del profesor F. Sherwood Rowland y me trasladé a Irvine, California. Rowland había iniciado una investigación sobre la química del átomo caliente y me ofreció una serie de opciones para investigar.
El proyecto que me atrapó fue el efecto que tienen productos químicos industriales muy inertes como los clorofluorocarbonos en el medio ambiente al acumularse en la atmósfera.
En esa época entre la comunidad científica se pensaba que los clorofluorocarbonos (CFC) no tenían ningún efecto significativo en el ambiente. Ese proyecto me ofreció la oportunidad de aprender sobre la química de la atmósfera, de la que se sabía muy poco. Tres meses después de llegar a Irvine, Sherwood Rowland y yo desarrollamos la teoría del agotamiento de la capa de ozono a causa de la producción de los CFC.
Al principio la investigación no se parecía ser particularmente interesante, pues todos los experimentos que realizamos en la atmósfera baja para identificar cómo afectaba los CFC a la capa de ozono no producían ningún resultado. Como todos saben el ozono es escudo natural contra las radiaciones solares, sin el cual no podría existir vida en el planeta.
Sabíamos, sin embargo, que la liberación de átomos de cloro producidos de la descomposición de los CFC a alturas suficientemente altas destruirían el ozono. La pregunta no era solamente porqué lo destruían, lo más importantemente era cuáles serían sus consecuencias y los principal cómo afectaba al medioambiente y al ser humano y su salud.
Así que cuando comparamos las cantidades de CFC, con los óxidos del nitrógeno que controlan el ozono investigación que determinó un año antes Paul Crutzen, nos alarmó que las emisiones de CFC causaría el agotamiento y eventualmente la desaparición de la capa de ozono de la Tierra.
En 1974 el profesor Sherwood Rowland y yo presentamos nuestras conclusiones en un amplio estudio, en que indican que un solo átomo de cloro puede reaccionar y destruir a cien mil moléculas de ozono.
[La investigación del profesor Mario Molina Enríquez sobre el ciclo de destrucción del ozono y los efectos de los CFC en la capa de ozono que protege la Tierra, le mereció el premio Nobel de Química en 1995, que compartió con su colega Sherwood Rowland y el holandés Paul Crutzen]
Día V
Febrero
Nobel de Química Mario Molina
Partículas orgánicas, la gran amenaza
Por Miguel Ángel Ortega
Con la misma pasión que despertó a sus 11 años de edad descubrir una amiba bajo el microscopio de juguete, Mario Molina Henríquez está empeñado en una cruzada contra la contaminación.
La investigación que el químico egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México publicó en 1973 sobre el impacto de los clorofluorocarbonos en la capa de ozono atmosférico, le valió el premio Nobel de Química 1995. Su reto ahora son las partículas orgánicas y los radicales libres. La nueva investigación le despierta la misma pasión e interés que cuando tenía 11 años. Todos deberíamos tener el mismo interés, porque tiene relación directa con la salud de millones de personas en México y el mundo.
Catedrático del Instituto Tecnológico de Massachussets, a sus 60 años los cumple este 19 de marzo el maestro Mario Molina alerta sobre el riesgo en que viven millones de mexicanos, particularmente los que habitan en las grandes ciudades. Queremos saber cuál es el impacto de la contaminación en la salud de la población, dice entusiasmado.
Porque el problema de la contaminación no es exclusivo de la zona metropolitana del Valle de México, en 14 ciudades de la frontera con Estados Unidos, Guadalajara y otras zonas existe el mismo problema.
Aunque no precisa la cifra, por lo menos un tercio de la población vive bajo el riesgo de enfermarse a causa de la contaminación atmosférica. Sin embargo, la ciudad de México, afirma el maestro Mario Molina, tiene los niveles más altos de radicales libres en el mundo y el nivel de amoniaco es muy alto. En el Valle de México existen grandes cantidades de formaldehídos, mucho son emitidos directamente y otros se forman en la atmósfera.
Para el Nobel de Química el principal problema de la ciudad de México dejó de ser la emisión de monóxido de carbono que producen los automóviles. La amenaza es la contaminación fotoquímica, sobre la que existe muy poca información.
No hay estadísticas confiables, añade.
Nueva frontera
El maestro Molina Henríquez estuvo en México la segunda semana de enero para recibir un doctorado honoris causa de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla e impartir un semanario sobre contaminación ambiental, en el cual participó Día V.
Organizado por el Centro Internacional para Periodistas, el Centro Knight de Periodismo Ambiental de la Universidad Estatal de Michigan y el Centro Knight para Periodismo en América de la Universidad de Taxas en Austin, el maestro Molina Henríquez ofreció una sustanciosa probadita de su amplia investigación. Sencillo y paciente, el Nobel de Química 1995 aclara que la calidad del aire en la ciudad de México no es satisfactoria, pero es mucho mejor que hace 15 años, cuando inició el programa Hoy no Circula.
En ese entonces, explica, el principal problema del aire en la Zona Metropolitana del Valle de México que es como debe analizarse la emisión de contaminantes, porque la infición no conoce ni respeta fronteras municipales, estatales o nacionales era el monóxido de carbono que emiten millones de automóviles. En 1990, el monóxido de carbono rebasaba 141 días al año los niveles aceptables. Una de las principales causas fue que en los últimos 50 años la población de México se duplicó, pero el número de automóviles públicos y privados se multiplicó en ese mismo lapso 14 veces.
Ahora, sostiene el maestro Molina Henríquez, la amenaza son las micropartículas y la contaminación fotoquímica en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM).
Los más expuestos son la ciudad de México con sus 19 millones de habitantes.
Los problemas ambientales del Distrito Federal y su zona conurbada debe ser un ejemplo para otras ciudades para evitar errores y encontrar soluciones. Uno de ellos, añade, es que el transporte es la principal causa de contaminación atmosférica.
Y explica: Ya sabemos que para disminuir el monóxido de carbono la opción es instalar convertidores catalíticos en los autos, pero una consecuencia de esa decisión es que aumenten la emisión de hidrocarburos. O como cuando el gobierno sacó gasolina sin plomo, pero la vendía más cara. Metió la pata, porque todo mundo se decidió evidentemente por la más barata y como resultado la contaminación se fue para arriba.
En este periodo la gente entendió que la contaminación le hacía daño, porque relacionó el smog con irritación en sus ojos, tos, resequedad en la garganta y otras reacciones.
Lo que es un hecho es que las investigaciones demostraron la estrecha relación entre los contaminantes y el aumento de muertes.
Con el cabello mucho más cano que cuando recibió el Nobel, ligeramente encorvado y rechonchito, pero una mirada aguda y una actividad que envidiaría un adolescente, el maestro Mario Molina asegura contundente en entrevista con Día V: Sabemos que la contaminación tiene impactos muy serios en la salud.
Estudios en todo el mundo, sostiene, establecen que la contaminación afecta seriamente al sistema respiratorio, sobre todo en personas vulnerables. Es decir, adultos con problemas de corazón y enfermedades cardiovasculares, pero también en niños.
Lo más preocupante, añade, es el incremento en la mortalidad. Es decir, en gente vulnerable, no que está a punto de morirse, sino con problemas de salud, pero muere a causa de la contaminación. Y si no hubiera estado expuesta a la contaminación habría vivido varios años más.
En el caso de los niños, está comprobado que el aumento en la contaminación de micropartículas aumentó cuatro por ciento las muertes en niños menores de un año.
Esto demuestra muy claramente los graves efectos a la salud, sentencia el Nobel mexicano. Necesitamos hacer más estudios, sobre todo en niños, que por estar en crecimiento, son más susceptibles a los efectos de la contaminación, añade.
Es más fácil contabilizar cuánta gente muere, que cuánta se enferma a causa de la contaminación. Es decir, agrega al maestro Molina Henríquez, necesitamos tener cifras confiables sobre los índices de morbilidad.
Porque también está muy claro para nosotros los científicos que los niños sí padecen enfermedades conectadas con la infición. También está documentado que una reducción de 10 por ciento en los niveles de ozono tiene como consecuencia un descenso de 2 millones en casos de ausentismo laboral y escolar.
Como cuando descubrió la amiba bajo el microscopio, esta nueva investigación le absorbe mucho tiempo al maestro Mario Molina. Entusiasmado, cuenta que especialistas mexicanos trabajamos con decenas de científicos de Europa y Estados Unidos.
En realidad se trata de la segunda parte de un estudio de largo aliento que coordina el Nobel mexicano. Mucho tiene que ver el prestigio del maestro Molina Henríquez que alcanzó la estratosfera cuando obtuvo el galardón que concede la Fundación Alfred Nobel en 1995.
Dirige a decenas de investigadores de universidades como la Nacional Autónoma de México, de Harvard, las secretarías de Medio Ambiente y Salud de los gobiernos de la ciudad de México y federal. Y estudiantes de todo el mundo. Uno de los objetivos, explica, es hacer demostraciones cuantitativas para establecer estrategias de control, estudios de costo-beneficio y proponer cuáles soluciones viables para que el gobierno dentro de sus planes decida dónde invertir y como atacar mejor el problema. Queremos tener una herramienta confiable y eso resulta muy difícil porque el funcionamiento de la atmósfera es muy complicado, explica al maestro Mario Molina, quien obtuvo el Nobel de Química precisamente por sus investigaciones en la química de la atmósfera.
Orgánicas
El Nobel mexicano explica que los habitantes de la ciudad de México están familiarizados con términos como ozono, IMECA, monóxido de carbono, contingencia ambiental y otros. Eso es bueno, porque tiene conciencia de los daños que provoca la contaminación en su salud, precisa.
El maestro Mario Molina, como buen profesor, es generoso para compartir sus conocimientos y explica: Nuestros estudios nos dicen que en el ozono tiene una gran responsabilidad en el deterioro de la salud, pero también que el efecto de las micropartículas es mayor. Pueden penetran más allá de los pulmones e introducirse al torrente sanguíneo.
Esas partículas son los que la población identifica como smog y polvo. La realidad es que es potencialmente mortal. Las investigaciones del equipo de maestro Molina Henríquez son de primerísimo nivel, pues emplea aparatos y la tecnología más moderna, como un rayo láser que atraviesa 20 kilómetros el cielo de la ciudad de México para medir partículas 100 veces más pequeñas que el grosor de un cabello humano.
Hay partículas primarias, como las negras que emite el motor de diesel y el hollín que podemos ver. Pero también existen partículas muy pequeñas, como las PM 10 y PM 2.5. (recuadro). Y hay otras llamadas secundarias que se forman en la atmósfera.
Esas también son muy peligrosas, agrega el maestro Molina Henríquez.
Por ejemplo, añade, los radicales libres y los hidroxilos tienen la capacidad de romper la estructura orgánica de la célula y atacar el sistema de defensa antioxidante que el organismo crea para su protección.
Las PM 10 tienen la capacidad de alojarse en los pulmones del ser humano y las PM 2.5 de llegar a los alveólos y hasta introducirse al torrente sanguíneo.
Los radicales libres son moléculas muy inestables, extraordinariamente reactivas y de vida efímera (segundos). El metabolismo normal de las células produce continuamente radicales libres, pero el propio sistema tiene un sistema que los inhibe. Pero un incremento anormal puede producir graves alteraciones. Especialistas dicen que atacan el sistema respiratorio, cardiovascular, neurológico y tienen relación con la aterosclerosis, cáncer, pueden dañar el riñón y ojos, entre muchos otros.
El premio Nobel cuenta que el radical hidróxido, el terror de las moléculas orgánicas, es muy difícil de medir. Sólo se ha hecho una o dos veces. Y una de ellas se hizo con el rayo de láser que utilizamos en la ciudad de México. El maestro Mario Molina dijo que en EU existen estándares para las partículas, pero se establecen midiendo las partículas grandes (PM 10). En México tenemos niveles para partículas pequeñas y ya las empleamos. Es decir, que podemos adelantarnos, no tenemos que sujetarnos a los estándares generalizados.
Existen elementos científicos y tecnológicos para resolver el problema de la contaminación y la solución técnica es relativamente sencilla. Tenemos que sacar ventaja en los avances de la ciencia, estamos obligados a estar al día y podemos hacerlo, afirma enfático. Los científicos no adivinamos, pero podemos elaborar varios escenarios de cómo sería el Valle de México en los próximos 10 o 20 años combinando diversas variables (monóxido de carbono, ozono, hidrocarburos y partículas suspendidas, etcétera).
Sin embargo, un elemento imprescindible para saber cómo será la calidad del aire depende de cuánta y de qué calidad será la flota vehicular. En el Valle de México actualmente circulan 3.5 millones de vehículos los vehículos particulares son usados en promedio por 1.3 personas por viaje y son responsables del 65 por ciento de la contaminación.
Compromiso
En entrevista con Día V, el Nobel de Química 1995 explicó que desde mi punto de vista los científicos tenemos una responsabilidad muy grande. Cuando existe un problema que afecta a la población es el momento de salir del laboratorio y dar a conocer su investigación y la opción para resolverlo. Tenemos las tecnologías adecuadas y sabemos cómo hacerlo. Lo difícil es convencer al gobierno y a la sociedad que las usen. Es decir, unir a la comunidad científica con quienes toman las decisiones y que casi siempre están en el gobierno.
También es su responsabilidad y de los medios de comunicación aclarar que no existen soluciones mágicas ni inmediatas y los políticos quieren resultados inmediatos. Es un trabajo a largo plazo, así que muchas veces tomar la decisión para controlar la contaminación se convierte en un problema social, económico y político. Eso ocurre en México y en todo el mundo, añade el maestro Mario Molina. Es cierto que existen problemas más urgentes, como la seguridad pública, el crecimiento económico y los salarios. Es decir, existen problemas igual de importantes, pero unos son más urgentes que otros. En el caso de la contaminación no es necesario que veamos caer pájaros del para tomar decisiones. No hay excusas, afirma.
También debe quedar claro que a la larga sale más caro no hacerle caso a la contaminación. Los efectos a la salud de la población son muy caros para la sociedad. Por eso debemos seguir invirtiendo en investigación, necesitamos más científicos.
Y la mejor prueba de que el Nobel de Química 1995 tiene razón es la inversión que sus padres hicieron al comprar un modesto microscopio de juguete.
Las PM
El aire no está vacío, en realidad lo componen cientos de sustancias y la mayoría no las podemos ver a simple vista. Las partículas que flotan en el aire son contaminantes y son las que mayor daño causan a la salud. Los partículas tienen muchas formas, tamaños y se presentan de diversas maneras (sólidas y líquidas). Una manera de clasificarlas es por su tamaño. A las más grandes las identifican como PM 10 y las más pequeñas como PM 2.5. Para darse una idea de qué hablamos es que las PM 2.5 son 25 o 100 veces más delgadas que un cabello humano. El tamaño no es la única diferencia. Cada tipo de partículas está hecha de diferente material y tiene origen diferente.
Las PM 10 generalmente son esporas, polen, tierra, polvo producto de las actividades agrícolas (de las que se producen en cosechas y siembra) y también de actividades fabriles. Las PM 2.5 son en realidad compuestos orgánicos y materiales pesados, producto de emisiones de automóviles (hidrocarburos), quema de plantas y fundición y purificación de metales. Las partículas pequeñas son más ligeras y permanecen en el aire más tiempo y viajan más lejos. Las partículas PM 10 pueden permanecer en el aire por minutos u horas, pero las partículas PM 2.5 pueden permanecer en el aire por días o semanas. Las PM 10 pueden viajar tan poco como 200 metros o hasta 30 kilómetros. Las partículas PM 2.5 pueden viajar más lejos, cientos de kilómetros y penetrar al organismo y llegar al torrente sanguíneo. (MAO)
Cicuta
enero-22
mao
Miguel Ángel Ortega
CIUDAD DE MEXICO.La frontera de México y Estados Unidos tiene la fama de ser la más transitada del mundo más de 300 millones de cruces al año, pero si no cambia muy pronto puede ser la más contaminada.
Para evitar que eso suceda, Mario Molina Henríquez, el premio Nobel de Química 1995, tiene la mirada puesta en los 3 mil kilómetros de frontera y en especial en el corredor Tijuana-San Diego. Los estudios para arrancar proyectos definidos en la frontera entre México y Estados Unidos están vigentes, dice. El problema de la contaminación se debe atacar y tratar de resolver. Tenemos preguntas importantes que aclarar. Yo espero que en los próximos años los podamos poner en marcha. Creo que podemos iniciar este año o a más tardar el próximo. Existen un par de proyectos que ya comenzaron, dice en entrevista con Cicuta. Catedrático del Instituto Tecnológico de Massachussets, el científico desarrolla una intensa labor en México y desde hace dos años encabeza un equipo interdisciplinario y multinacional de científicos que trabajan para abatir la contaminación en la ciudad de México.
La investigación que el químico egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México publicó en 1973 sobre el impacto de los clorofluorocarbonos en la capa de ozono atmosférico, le valió el premio Nobel de Química 1995.
Desde entonces amplió su horizonte a todo lo relacionado con la contaminación del aire y sus efectos a la salud, que advierte, son muy graves. El problema de la contaminación del aire, afirma, no es exclusivo de la zona metropolitana del Valle de México y Guadalajara. Existe a lo largo de todo el país y en particular en 14 ciudades gemelas de la frontera con Estados Unidos. Lo importante de la experiencia en el Distrito Federal y su zona conurbada es que deben ser ejemplo para otras ciudades a fin de evitar errores y encontrar soluciones.
Sin fronteras
Gracias a investigaciones como la del maestro Molina Henríquez, hoy sabemos que problema de la contaminación del aire es más complejo y peligroso de lo que suponíamos. Y por fortuna ya lo entendieron los ambos gobiernos.
Desde hace poco tiempo, en buena medida acelerado por la firma del Tratado de Libre Comercio, las autoridades entendieron que los contaminantes no conocen ni respetan fronteras. Por eso la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Agencia para la Protección del Ambiente (EPA) participan en un proyecto para mejorar el medioambiente en la frontera.
El Programa Ambiental México-Estados Unidos Frontera 2012, fue firmado por ambos gobiernos en abril pasado y su objetivo es proteger el ambiente y la salud pública de la región fronteriza. En una franja de 100 kilómetros a ambos lados de los 3 mil kilómetros que comparten México y EU, viven más de 11.8 millones de personas (unos 6.3 millones en Estados Unidos y 5.5 millones en México).
Aproximadamente 90 por ciento vive en 14 pares de ciudades hermanas y el resto (un millón 180 mil) reside en pequeños poblados y comunidades rurales.
Con un enfoque nuevo, se identificó como una zona a la región Baja California-California, en especial Tijuana-San Diego y Mexicali-Calexico.
El Programa Ambiental México-Estados Unidos, que tiene un alcance de 10 años, identificó como los principales ambientales la calidad del aire, el abastecimiento y saneamiento del agua, manejo de residuos peligrosos y la capacidad de respuesta a emergencias transfronterizas.
El programa también reconoce la gran preocupación que manifestaron los habitantes en ambos lados de la frontera sobre la calidad del aire. En el caso de Calexico-Mexicali destaca la instalación de nuevas plantas de energía, así como las partículas suspendidas provenientes del Mar Salton. En el caso de Tecate, las emisiones vehiculares y la contaminación de las ladrilleras. También se pone atención a las emisiones de contaminantes producidos por automóviles, industriales y la quema de basura en varias ciudades, como el incendio en julio pasado de más de 200 mil llantas en El Centinela de Mexicali. También se recogieron inquietudes sobre el uso y manejo de agua del Mar Saltón y la cuenca del Río Colorado que afecta a Mexicali y San Luis Río Colorado relacionado con instalación de nuevas plantas de generación de energía, aguas residuales sin tratamiento y la presencia de aceite en el agua y el drenaje.
Tijuana y montañas
El maestro Molina Henríquez estuvo en la ciudad de México la semana pasada para recibir un doctorado honoris causa de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla e impartir un semanario sobre contaminación ambiental, en el cual participó Cicuta.
Organizado por el Centro Internacional para Periodistas, el Centro Knight de Periodismo Ambiental de la Universidad Estatal de Michigan y el Centro Knight para Periodismo en América de la Universidad de Taxas en Austin, el maestro Molina Henríquez informó avances de su investigación. Entre ellas destaca la medición de las partículas suspendidas (PM 10 y PM 2.5)
Lo más preocupante del incremento y exposición del ser humano a la contaminación, son las dalos a la salud humana, añade.Sabemos que la contaminación tiene impactos muy serios en la salud, precisa. Estudios en todo el mundo, sostiene, establecen que la contaminación afecta seriamente al sistema respiratorio, sobre todo en personas vulnerables. Es decir, adultos con problemas de corazón y enfermedades cardiovasculares y niños. No se trata de gente está a punto de morirse, sino con problemas de salud, pero muere a causa de la contaminación. Si no hubiera estado expuesta a la contaminación habría vivido varios años más. Es más fácil contabilizar cuánta gente muere que cuánta se enferma por la contaminación.
Sobre su investigación en la frontera, explica en entrevista con Cicuta que el estudio que preparamos para la frontera es parecido al de la Zona Metropolitana del Valle de México. Es una investigación integral que ofrecerá soluciones reales y medidas concretas para reducir la contaminación atmosférica en la frontera.
El estudio, advierte, llevará varios años, porque tenemos que estudiar muchas variables.
En la frontera tenemos muchas ciudades muy contaminadas. Sin embargo, existen condiciones más favorables que en la ciudad de México. Por ejemplo, dice, Tijuana no está rodeada de montañas.
Los proyectos están vigentes y en marcha, reitera. Yo espero que en los próximos años los pongamos en marcha. Es muy probable que este año definamos el proyecto para Tijuana. La expectativa es que iniciemos este año o a más tardar el próximo, pues existen un par de proyectos que ya comenzaron.
Partículas
Dos variables que analizará con detenimiento el maestro Mario Molina son la emisión de partículas suspendidas y el monóxido de carbono que emiten los automóviles.
En el primer caso porque su medición es relativamente nueva y en el segundo porque tienen un papel importante en la química de la atmosfera.
Didáctico y paciente, el premio Nobel de Química 1995 explica que hay partículas primarias, como las negras que emite el motor de diesel y el hollín que podemos ver.
Pero también existen partículas muy pequeñas, como las PM 10 y PM 2.5. (recuadro). Y hay otras llamadas secundarias que se forman en la atmósfera. Sobre el monóxido de carbono de los automóviles también tiene mucho qué enseñar. Dice: ya sabemos que para disminuir el monóxido de carbono la opción es instalar convertidores catalíticos en los autos, pero una consecuencia de esa decisión es que aumenten la emisión de hidrocarburos.
Agrega que en Houston, la ciudad más contaminada de EU, también había problemas; los inventarios de emisiones de hidrocarburos, que junto con los de nitrógeno son los que ocasionan la formación de ozono y otros oxidantes. Un ejemplo ilustrativo para Tijuana podría ser Atenas, por su condición de ciudad con costa y cierta elevación, aunque tiene montañas que la rodean. El maestro Molina Henríquez explica que ahora que Atenas tiene cercana los juegos olímpicos inició una campaña de descarcachización. El gobierno empezó compró los coches más viejos y como resultado bajaron las emisiones de óxido de nitrógeno. Pero en la zona más rica de Atenas, que está a mayor altura, la contaminación empeoró. Subieron los niveles de ozono y la gente se pregunta ¿qué hizo el gobierno? Estamos peor que antes.
Es una situación parecida a Los Ángeles, cuando se limpió la parte central de la ciudad pero en otras empeoró. Los científicos sabemos que lo que ocurrió fue el control se hizo mal. Se redujeron los hidrocarburos pensando que los óxidos de nitrógeno eran algo más costoso. Un estudio en EU comprobó que era una trampa, pues no era suficiente controlar sólo los supuestos gases volátiles, también los óxidos de nitrógeno.
El Nobel de Química 1995 explicó que desde mi punto de vista los científicos tenemos una responsabilidad muy grande. Cuando existe un problema que afecta a la población es el momento de salir del laboratorio y dar a conocer su investigación y la opción para resolverlo.
Garitas y ozono
Por su parte, la Comisión para la Cooperación Ambiental de América del Norte alertó en diciembre pasado que existe una relación significativa entre los días en que se registran lecturas elevadas de ozono en Ciudad Juárez, Chihuahua, y el repunte en el número de niños con dificultades respiratorias que visitan las salas de urgencias de esa ciudad fronteriza. Lo que no debe sorprender es el volumen de emisiones generadas por las filas de vehículos esperando en El Paso y Ciudad Juárez.
Con la garita Tijuana-San Ysidro se disputa ser la arteria de cruce fronterizo más congestionada del mundo: se estima que un promedio de 250 mil personas arriba cada día a los puestos de control y puentes adyacentes para cruzar la línea.
Después del 11 de septiembre de 2001, al reforzar la seguridad en la frontera se incrementó el tiempo de espera promedio para ingresar a Estados Unidos, pasando de 45 minutos a dos o tres horas en un día normal. Decenas de miles de motores se mantienen encendidos en las largas filas que serpentean a cualquier hora del día, en un lento avance, mientras arrojan al aire toneladas de contaminantes.
En Tijuana (aquí le agregas, compadrito)
Malos aires
El aire que respiramos está lleno de sorpresas y de amenazas invisibles. Los científicos han descubierto que al aire componen cientos de sustancias, la mayoría de las cuales no las podemos ver a simple vista. En realidad muchas partículas que flotan en el aire son contaminantes y causan graves daños a la salud. Los partículas tienen muchas formas, tamaños y se presentan de diversas maneras (sólidas y líquidas). Una manera de clasificarlas es por su tamaño. A las más grandes las identifican como PM 10 y las más pequeñas como PM 2.5.
Para darse una idea de qué hablamos es que las PM 2.5 son 25 o 100 veces más delgadas que un cabello humano. El tamaño no es la única diferencia. Cada tipo de partículas está hecha de diferente material y tiene origen diferente. Las PM 10 generalmente son esporas, polen, tierra, polvo producto de las actividades agrícolas (de las que se producen en cosechas y siembra) y también de actividades fabriles.
Las PM 2.5 son en realidad compuestos orgánicos y materiales pesados, producto de emisiones de automóviles (hidrocarburos), quema de plantas y fundición y purificación de metales.
Las partículas pequeñas son más ligeras y permanecen en el aire más tiempo y viajan más lejos. Las partículas PM 10 pueden permanecer en el aire por minutos u horas, pero las partículas PM 2.5 pueden permanecer en el aire por días o semanas.
Las PM 10 pueden viajar tan poco como 200 metros o hasta 30 kilómetros. Las partículas PM 2.5 pueden viajar más lejos, cientos de kilómetros y penetrar al organismo y llegar al torrente sanguíneo. (MAO)
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